El amor, tal como se entiende popularmente, puede ser engañoso. Experimentamos una sensación que identificamos como el amor, pero al mirar atrás nos damos cuenta de que no era amor en absoluto. En otras palabras, el amor también puede ser falso y fabricado.
La Biblia está llena de advertencias, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, para no caer en esta clase de amor: un amor engañoso.
En Jeremías 5, Dios condena al pueblo no solo por haber sido engañado, sino por haberse enamorado de los engañadores:
“Los profetas profetizan mentiras. Los sacerdotes gobiernan con su propia autoridad. Y mi pueblo ama que sea así.”
En Isaías 30:9–10, los rebeldes se niegan a escuchar la verdad de Dios y en cambio, buscan a quienes les digan mentiras:
“Háblennos cosas agradables, profeticen ilusiones.”
El Salmo 4:2 pregunta:
“¿Hasta cuándo amarán palabras vanas y buscarán la mentira?”
Todo esto se debe a lo que Isaías 5:20 describe como la inversión de todo lo bueno, santo y verdadero:
“¡Ay de los que llaman a lo malo bueno, y al bien mal!”
Jesús hace eco de los profetas y advierte que las personas son condenadas porque “amaron más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19–21).
Al contrario está la clase única de amor de Dios, que, una vez escuchado, entendido y retenido firmemente, trae tanta comprensión que hará que las personas “resplandezcan como el resplandor del firmamento; y los que llevan a muchos a la justicia, como las estrellas por los siglos de los siglos” (Dan. 12:3).
Y noten el versículo rara vez escuchado de Isaías 53:11:
“ Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos.”
¡El Mesías, el siervo de Yahweh, Jesús, salva por su conocimiento, así como también por su muerte expiatoria!
Esto nos ayuda a recuperar nuestra percepción de quiénes somos, hacia dónde vamos y cuál es nuestro destino final: entrar y heredar las promesas del venidero Reino de Dios en una tierra restaurada.
El crecimiento espiritual de muchos ha sido detenido por la manera en que ciertas religiones han logrado fabricar y vender una clase de amor engañoso. En el proceso, cautivan a una gran parte de la humanidad, personas que de otro modo podrían aceptar el amor tal como lo definen Dios y Su Hijo.
Muchos citan el “capítulo del amor” por Pablo (1 Cor. 13), explicando que, finalmente, de eso se trata el cristianismo.
Como dice la canción: “todo lo que necesitas es amor.”
Pero en ese capítulo, el amor está fuertemente relacionado con nuestro deseo y aprecio por la verdad, en contraste con el error.
“El amor no se deleita en el mal [la injusticia], sino que se regocija con la verdad” (1 Cor. 13:6).
Ahí está: conciso y compacto, pero tan hermosamente verdadero. Como Jesús mismo declaró con aquellas famosas palabras: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31–32).
Para reflejar el amor de Dios y caminar verdaderamente en las sandalias de nuestro señor Jesús, debemos amar de una manera que esté en armonía con lo que la Biblia define como amor: algo que “se regocija con la verdad.”
La verdad bíblica no puede asociarse con lo malo, lo cual es llamado maldad.
Por lo tanto, no tener pasión por esa verdad, advierte Pablo en 2 Tesalonicenses 2, equivale a no estar bien delante de Dios. Los malvados “perecen porque se negaron a recibir el amor de la verdad para ser salvos. Por eso Dios les envía un espiritu de engaño, para que terminen creyendo la mentira” (vv. 10–12).
Ahora bien, ¿cómo sabemos que estamos en la única verdad?
La Biblia llama a todos los que profesan amar a Dios, no solo a los líderes de las iglesias, a seguir buscando y examinando. Junto con esto, se nos manda probar constantemente los espíritus (1 Juan 4:1), reprender y corregir (2 Tim. 4:2), y enseñar las palabras sanas y vivificantes de nuestro señor Jesús, para que seamos fuertes en la fe y en el amor (Tito 2:2).
Como compañeros buscando la verdad en amor, debemos probarlo todo y no creer algo simplemente porque no tenemos tiempo para examinarlo. Más bien, debemos estudiar y pensar porque amamos a Dios y a Su Hijo lo suficientemente para no ser engañados.
En Romanos 8:28, Pablo dice:
“Sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas son para bien."
El “bien” aquí no es una creencia que se regocija con el error, por lo tanto es maldad, sino la verdad que nos permite “caminar en amor” (2 Juan 4; 3 Juan 3–4).
Y nuevamente, amar esa verdad nos permite ser salvos (2 Tes. 2:10).
La definicion del Reino como Evangelio es clave, como Jesús mismo lo deja claro en su parábola del sembrador cuando pregunta:
“¿No entienden esta parábola? Entonces, ¿cómo entenderán todas las demás parábolas?” (Mar. 4:13).
Satanás, llamado el Diablo, sabe esto mejor que muchos de nosotros. Está en contra de que escuches, entendas y enseñes el Evangelio salvador acerca del Reino. De hecho, Satanas en su odio hacia la humanidad y en su amor por todo la idolatria, está profundamente interesado en las medias verdades. Y como todos sabemos, ¡una media verdad es una mentira!
Esto a menudo se presenta en forma de una predica del evangelio desprovista del Reino venidero, o como se expresa popularmente: “Jesús murió por tus pecados para que, cuando mueras, puedas ir al cielo.” Junto con esto viene la creencia asumida y no negociable de que solo el Dios-hombre tenía que morir para expiar todos los pecados.
Por eso, en la parábola, Jesús advierte que “cuando alguien oye la palabra,” es decir, el mensaje del Reino, “el Diablo viene y arrebata el mensaje [la semilla] que fue sembrado en su corazón, para que no crea y no sea salvo” (Lucas 8:12).
En la parábola siguiente, la del trigo y la cizaña, Jesús explica cómo la buena semilla puede perderse o incluso ser reemplazada por una mala semilla: una mala semilla que produce trigo falso y falsa enseñanza.
Solo cuando la verdadera semilla, el Evangelio del Reino de Dios, es recibida, se alcanza la clave para nacer de nuevo y recibir el espíritu obrando en nosotros (1 Tes. 2:13). Entonces estamos listos para ser bautizados en agua como señal externa y pública de nuestra obediencia de fe a Jesús y a su Gran Comisión (Mat. 28:19–20).
La Biblia advierte una y otra vez que el naufragio espiritual comienza cuando las personas no aman la verdad: “el Evangelio acerca del Reino de Dios y el nombre de Jesús el Cristo” (Hechos 8:12).
La falsa doctrina sobrevive y prospera porque las personas a menudo prefieren palabras agradables y mitos, mientras aceptan tradiciones no biblicas, argumentos persuasivos.