por carlos@thehumanjesus.org
La mayoría de las traducciones modernas entienden Juan 1:12-13 como referido a la experiencia de renacimiento espiritual, o de «nacer de nuevo», de los cristianos. Sin embargo, existe una lectura alternativa muy antigua del versículo 13 que merece mucha más atención. En lugar del plural, «que nacieron», se lee en singular, «que nació», haciendo del versículo una declaración sobre la generación sobrenatural, es decir, la procreación, del Hijo.
La tradición manuscrita griega superviviente apoya de manera abrumadora la lectura en plural. No obstante, la lectura en singular está atestiguada particularmente en la tradición del latín antiguo y en escritores cristianos tempranos como Ireneo y Tertuliano, con evidencia patrística adicional que a menudo se discute en conexión con Justino, Orígenes, Ambrosio, Agustín y otros. También se encuentra en el Códice Veronensis del latín antiguo y se asocia con la Epistula Apostolorum.
De particular interés es el hecho de que Tertuliano se refiere a la disputa textual y acusa a un grupo cristiano temprano llamado gnóstico, conocido como los valentinianos, de alterar el texto al plural. Cualquiera que sea el juicio que se haga sobre su acusación, demuestra que la lectura cristológica en singular ya era conocida en una fecha muy temprana.
El Nuevo Testamento alemán de Albrecht adoptó el singular y explicó que seguía la lectura antigua representada por Ireneo y Tertuliano, entendiendo que Juan afirma la generación milagrosa de Jesús en acuerdo con Mateo y Lucas. La Biblia de Jerusalén de 1966 igualmente tradujo de manera famosa el pasaje: «…a aquel que no nació de sangre, ni de deseo de carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios mismo».
Esta lectura en singular de Juan 1:13 armoniza con las narraciones del nacimiento virginal tanto de Mateo 1 como de Lucas 1, así como con 1 Juan 5:18, que de nuevo distingue a los creyentes que han «nacido de Dios» del singular «el que nació de Dios», entendido naturalmente por muchas traducciones como el Hijo.
También hay algo que decir sobre el plural «sangres» y las frases «de la voluntad de la carne» y «de la voluntad de un varón». Porque si el sujeto original era el Hijo, la redacción encaja naturalmente con un nacimiento virginal que no involucra padre humano ni unión ordinaria de varón y mujer. El lenguaje puede, por tanto, describir su ascendencia humana mientras niega el proceso normal de procreación humana. En otras palabras, el Hijo no se originó a través del deseo sexual o la voluntad procreativa de un padre humano. Fue engendrado por Dios mismo en María, precisamente el cuadro dado por Mateo 1:18-20 y Lucas 1:30-35.
Por último, esto no es simplemente una cuestión de traducciones diferentes, sino de dos formas textuales antiguas con significados muy distintos:
- Plural: «que nacieron» —referido a la experiencia cristiana de «nacer de nuevo».
- Singular: «que nació» —referido al Hijo engendrado, procreado por Dios.
Está claro que la lectura en singular encaja mejor con el contexto inmediato, armoniza perfectamente con Mateo 1 y Lucas 1, y proporciona una declaración joanina directa sobre la procreación sobrenatural del Hijo. En ese sentido, la lectura en singular de Juan 1:13 plantea un desafío significativo tanto a las teorías arrianas/unitarias de preexistencia literal como a teorías trinitarias posteriores como la llamada «generación eterna del Hijo».
Pero quizá más importante aún, la lectura en singular sitúa a Juan junto a Mateo y Lucas al describir el «origen» (Mt. 1:1, 18) del único Hijo humano de Dios que fue traído a la existencia por un acto milagroso de procreación divina en el vientre de María, en lugar de un ser personal literalmente preexistente que o bien se transforma en un ser humano, como en algunas teorías arrianas-unitarias, o entra en el vientre de María para asumir o tomar carne, como en las teorías trinitarias tradicionales.
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