Saturday, September 12, 2026

1 Corintios 14: ¿“Lenguas” privadas o públicas?

El argumento a favor del don de glosolalia como una práctica de oración privada proviene casi enteramente de 1 Corintios 14. Se argumenta que Pablo habla de alguien que ora a Dios en otro idioma (vv. 2, 14), y que aparentemente permite hablar sin traducción, dirigiéndose “a sí mismo y a Dios” (v. 28). Pero la preocupación principal de Pablo es si la iglesia está siendo edificada, es decir, instruida, animada y fortalecida. Por eso inmediatamente contrasta el don con la profecía, que cumple mucho mejor esas funciones (1 Cor. 14:3–5). La solución para tal uso del don en la iglesia no es: “Sigue usando el don en privado”, sino traducirlo, para que toda la iglesia pueda ser edificada.


Lo mismo se aplica al versículo 4. Pablo reconoce que “el que habla en otro idioma se edifica a sí mismo”, pero no presenta esto como algo bueno. Está explicando por qué la profecía es más útil en la iglesia. Este principio ya había sido establecido en 1 Corintios 12:7:


“A cada persona se le da la manifestación del espíritu para el beneficio de todos”.


Y por “todos”, Pablo claramente se refiere al cuerpo más amplio de la iglesia, no solamente a uno mismo.


Otros apelan especialmente a los versículos 14–15, donde Pablo dice:


“Si oro en otro idioma, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no produce fruto para los demás”.


Pero eso no significa que se establezca el uso del don para una oración privada cuyo propósito sea eludir el entendimiento de la iglesia. Pablo vuelve inmediatamente a su preocupación principal:


“¿Cómo pueden los que no tienen ese don decir ‘Amén’… puesto que no saben lo que dijiste?” (v. 16).


“Puede que hayas dado gracias a Dios muy bien, ¡pero los demás no han sido edificados!” (v. 17).


“En la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento… que diez mil palabras en otro idioma” (v. 19).


Eso difícilmente respalda la idea de que usar el don en privado, sin traducción, sea en sí mismo espiritualmente valioso. La preocupación de Pablo es que, cuando el don se ejerce en la iglesia, lo que se dice debe ser comprensible para que los demás puedan participar, decir “Amén”, aprender y ser edificados.


Otros argumentan a partir del versículo 18 que, puesto que Pablo restringe el don en la iglesia, necesariamente debía estar usándolo en privado. Pero el texto nunca dice eso. Pablo era un apóstol itinerante que viajaba por diferentes regiones, culturas y contextos lingüísticos. No se nos dice dónde, cuándo ni con qué frecuencia ejercía el don. Afirmar que el versículo 18 demuestra una práctica habitual de oración privada va más allá de lo que Pablo realmente dice.


Ni siquiera el versículo 28 dice: “Vete a casa y usa el don para orar en privado”. El mandato explícito de Pablo es: “Si no hay traductor, los que hablan en otros idiomas deben guardar silencio en la iglesia y hablar consigo mismos y con Dios”.


La frase “hable consigo mismo y con Dios” no significa automáticamente usar el don para la “oración privada”. Como mínimo, el versículo vuelve a enfatizar que, si no hay nadie que traduzca, el que habla debe “guardar silencio en la iglesia”. Eso es muy diferente de establecer una doctrina universal según la cual los cristianos deben usar el don para orar en casa o a solas.


La afirmación de que en realidad existen dos funciones para un mismo don —el uso público y la oración privada— también tropieza con 1 Corintios 12:30:


“¿Hablan todos en otros idiomas? ¿Traducen todos?”


La respuesta esperada es obviamente: No.


Sin embargo, algunos responden que Pablo se refiere únicamente al don público, mientras que las “lenguas” privadas supuestamente están disponibles para todos los cristianos. Pero Pablo nunca hace tal distinción. Hay que suponerla para preservar la interpretación de que el don es para la oración privada. En otras palabras, primero se da por sentada precisamente la categoría que necesita ser demostrada, y luego se utiliza esa misma suposición para explicar la declaración de Pablo de que no todos poseen este don.


El énfasis de Pablo a lo largo de todo el capítulo sigue siendo claro: el don debe hacerse comprensible mediante la traducción si ha de instruir y edificar a la iglesia, y no solamente al individuo que habla. Los demás deben poder entender lo que se dice y responder conscientemente: “Amén”. Y todo debe hacerse “decentemente y con orden” (1 Cor. 14:40).


Por lo tanto, la mejor conclusión es sencilla: 1 Corintios 14 ciertamente demuestra que el don de glosolalia podía utilizarse en la oración, la alabanza y la acción de gracias, mientras que el versículo 28 vuelve a advertir contra su uso público sin traducción. Pero el capítulo no establece este don como una práctica universal de “oración privada”. De hecho, el argumento más amplio de Pablo apunta en la dirección contraria: los cristianos reciben diferentes dones, distribuidos según la voluntad de Dios, de modo que la idea de que este único don está disponible para todo creyente no puede demostrarse a partir de las Escrituras.

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